- No lo sé. - En su voz se contenía una especie de cansancio contenido durante largo tiempo-. Tengo la impresión de que no es sólo a Sumire a quien no volveré a ver. Que tampoco te veré a ti jamás. Por eso te lo pregunto.
- Claro que no te odio- Respondí
- Pero, en el futuro, vete a saber, ¿No es así?
- Yo no odio de ese modo a la gente.
Myû se quitó el sombrero, se arregló el flequello, se lo volvío a poner. Me miró con ojos deslumbrados.
- Eso seguro que es porque no esperas nada de nadie- dijo. Sus ojos eran profundos y limpios como las tinieblas del anochecer en que nos habíamos conocido-. No es mi caso. Pero tú a mí me gustas mucho.
Fragmento de Spuntnik, mi amor. Obra de Haruki Muramaki.
Después del papeo Gav y yo nos volvemos a su casa y nos quedamos levantados hasta tarde, bebiendo, contando batallitas, hablando de la vida y poniéndonos al día en general. Hay algo de su actitud que me entristece. Me resulta espantoso sentirme así respecto a él y no me estoy mostrando condescendiente porque el tío me caer muy bien, pero es como si se hubiera topado cara a cara con sus limitaciones sin haber aprendido a apreciar lo que tiene. Me dice que sigue en el mismo lugar del escalafón del departamento de empleo y que de ahí no va a pasar. Le han negado el acceso tantas veces que ha dejado de presentar solicitudes. Cree que le tienen fichado como bebedor "Es curioso, cuando empecé a trabajar allí, era poco menos que obligatorio beber. Si tenías fama de pasar mucho tiempo en el pub eso demostraba lo sociable que eras, que podías establecer contactos. Ahora te etiquetan como un borachín. Sarah... quiere que lo mande todo al carajo y me vaya de viaje con ella, a la India y todo eso" dice sacudiendo la cabeza.
"Adelante", le digo, con la voz cargada de apremio.
Me mira como si le hubiera sugerido dedicarse a la pederastia. " Que lo sugiera ella, vale, Mark; tiene veinticuatro años, no treinta y cinco. Hay una gran diferencia"
"Vete a la mierda, Gavin. Si no lo haces, lo lamentarás durante el resto de tu vida. Si no lo haces la perderás a ella y seguirás en esa puta oficina dentro de veinte años, el borrachín tembloroso, el capullo tristón al que nadie quiere parecerse. Y no esperes nada mejor, te pueden mandar a hacer puñetas de todas formas, por cualquier chorrada"
La mirada de Gavin se hunde y se vidria y de repente capto lo humillante y profanador que debe sonarle mi perorata de beodo. Antes uno podía hablar así, hacer trizas a la gente por el trabajo, pero ahora todos se han puesto a la defensiva al respecto y como somos mayores parece que haya más en juego.
Incluso cuando me meto por la tocha a paletadas, me percato de la triste realidad. La coca me aburre. Nos aburre a todos. Somos unos capullos hartos de todo, en un entorno y en una ciudad que odiamos, fingiendo ser el centro del universo, destrozándonos con drogas de mierda para hacer frente a la sensación de que la verdadera vida transcurre en otra parte, conscientes de que lo único que hacemos es alimentar la paranoia y el desencanto, y, pese a ello, somos demasiado apáticos para dejarlo. Porque, por desgracia, no hay nada que tenga suficiente interés como para dejarlo. Y ya que estamos, abundan los rumores de que Breeny lleva una burrada de perico y da la impresión de que ya circula una cantidad considerable.